Terapias para superar rupturas en Madrid

COMO PROCESA EL CEREBRO LA INFORMACIÓN. LAS SECUELAS DEL TRAUMA

ROSA MARÍA SUÁREZ E. PSICÓLOGA

El cerebro se puede definir como un dispositivo detector, amplificador y analizador para mantenernos en equilibrio en el medio interno y externo.

Estas funciones van desde la regulación visceral de la entrada de oxígeno y la temperatura hasta la clasificación de la información entrante, necesaria para la toma de decisiones.

En el curso de la evolución, el cerebro ha desarrollado 3 subanalizadores interdependientes, cada uno de ellos con una autonomía y neuroquímica específica:

– El TALLO CEREBRAL E HIPOTÁLAMO, asociados a la regulación de la homeostasis.

– El SISTEMA LÍMBICO, que mantiene el equilibrio entre el mundo interno y la realidad externa.

– El NEOCÓRTEX, responsable de analizar e interactuar con el mundo externo.

La información llega al cerebro a través de los sentidos: vista, oído, olfato…y pasa al TÁLAMO, éste procesa la información hasta un cierto punto y después pasa a la AMÍGDALA (S. Límbico)

Esta toma la información sensorial que llega al cerebro y determina si realmente es relevante o no: le otorga significado emocional.

Posteriormente pasa la información al HIPOCAMPO (S.Límbico) que la clasifica; retiene fríamente los hechos. Crea un mapa cognitivo que permite la categorización de la experiencia y su conexión con la información autobiográfica.

Pero cuando un evento o situación es altamente estresante, la información no es integrada, sino que queda como “memorias escindidas”. Surgiendo así el trauma, que es una herida física” en el cerebro, es decir neuroredes de memoria aisladas no procesadas adecuadamente.

La persona en este punto, no puede integrar sus recuerdos traumáticos, como si de alguna manera la vida se hubiera parado en un punto.

Cualquier experiencia que provoca emociones desagradables, como miedo, ansiedad, dolor físico… puede funcionar como trauma y a partir de entonces el recuerdo de la situación traumática actúa de forma independiente, haciéndose presente de muchas maneras, bien a través de sueños recurrentes, pesadillas, flash-backs, síntomas somáticos…

El trauma, pues, se guarda en forma de imágenes y pensamientos rumiantes obsesivos, sin quererlo. E incluso a veces sin poder controlarlo, vienen a la memoria la situación que dio origen al trauma, reviviéndose una y otra vez con la sensación de peligro inminente.

La capacidad de lenguaje se empobrece (el AREA DE BROCCA es la responsable del lenguaje) de ahí que la persona traumatizada no sea capaz de expresar con claridad el suceso, como que “perdiera” parte de información; esto se debe a que la memoria se fragmenta.

Las personas traumatizadas viven como si su energía estuviera focalizada en su pasado, como si su cerebro se programase para enfocarse en el trauma y no en otras cosas.

Experimentan una especie de embotamiento, confusión, shock… Viven atrapados en la experiencia, y cualquier incidente del presente puede ser un disparador para evocar y revivir, sin quererlo, el pasado, con toda su intensidad sensorial y emocional y esto impide una adecuada evaluación y categorización de la experiencia.

Pero cuando esto se mantiene en el tiempo, la persona puede llegar a desarrollar un Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT) y que se caracteriza por 3 elementos fundamentales:

1.- Reviviscencia reiterada de los recuerdos de la experiencia traumática, a menudo acompañados de un gran sufrimiento físico y psicológico. Estos recuerdos intrusivos pueden aparecer de forma espontánea y sin poder tener un control adecuado sobre ellos.

2.- Evitación de elementos que recuerdan el trauma, aunque con dificultad para lograrlo. El embotamiento, el distanciamiento emocional suelen coexistir con la aparición de los pensamientos intrusivos. Viene asociado además con una cierta incapacidad para experimentar alegría y placer y con una desvinculación general para implicarse con la vida.

3.- Un marcado patrón de hiperactivación, expresado a través de irritabilidad, hipervigilancia, problemas de concentración y memoria, trastornos del sueño y una exagerada respuesta de sobresalto.

Las personas traumatizadas son víctimas, que sin quererlo se centran excesivamente en encontrar parecidos entre el pasado traumático y el presente. Tienden a reinterpretar la realidad inmediata, las experiencias neutras, en función de su experiencia traumática.

Decirles que “eso ya pasó”, “hasta cuando vas a estar con eso?”, “olvídate ya de ese asunto y vive el aquí y ahora, no se les hace ningún favor y no tiene ningún sentido y lo que posiblemente se va a conseguir es más aislamiento que otra cosa. La herida está en su cerebro por no poder integrar el impacto de la situación marcante. No lo hacen a voluntad revivirlo, es su cerebro que lo hace.

El cerebro es además, bilateral: tenemos un cerebro izquierdo y un cerebro derecho y son bastante diferentes. Están unidos por millones de fibras que forman el CUERPO CALLOSO (es el tejido que está en medio de los 2 hemisferios).

En la investigación sobre el trauma, uno de los hallazgos más importantes que se han encontrado, es que hay un incremento del desarrollo del cuerpo calloso, lo que causa menos transferencia de información de un hemisferio a otro.

Cuando hay un aumento de emocionalidad parece que se activa el hemisferio derecho, y cuando no hay sobre emocionalidad, se activa más el hemisferio izquierdo y no se conectan los elementos afectivos y cognitivos de la experiencia.

Parece que el trauma es almacenado en el lado derecho del cerebro; el lado izquierdo es la parte que “se inactiva” cuando la persona vuelve a su trauma.

El hemisferio izquierdo organiza la información y la procesa de una manera secuencial: sabe de orden, espacio, tiempo, clasifica cosas… genera constantemente numerosas representaciones de los acontecimientos, siempre está cambiando cómo ve el mundo, como ve a la gente, cambiando el “sí mismo”. Es el hemisferio racional, social, cognitivo… el que resuelve problemas.

El hemisferio derecho almacena las emociones; facilita la capacidad de relacionarse con otras personas a nivel emocional. Está implicado en la expresión y la comprensión de la comunicación no verbal (tono de voz, expresión facial). Está especialmente integrado con la amígdala.

El hemisferio derecho es más analógico y el izquierdo más digital.

En cada uno de nosotros existe un sistema natural de procesar la información, es el Sistema de Procesamiento Adaptativo de Información (SPAI), que está orientado a transformar perturbaciones y síntomas disfuncionales en salud mental. Sin embargo los eventos traumáticos quedan almacenados en forma disfuncional, con todos los elementos (emociones, sensaciones…) tal como fueron percibidos en el momento de la situación traumática no siendo posible su integración al SPAI.

EMDR es un método psicoterapéutico, descubierto por la Dra Francine Saphiro a finales de los años 80, que ha revolucionado el mundo de las terapias. Es considerado como una de las terapias más eficaces para el trauma y es el método de elección para el síndrome de estrés postraumático.

Facilita la resolución adaptativa de los recuerdos relacionados con el trauma, facilitando una modificación y una nueva acomodación de las percepciones, emociones y conductas

Ha sido reconocido por numerosas instituciones internacionales y sobre todo por la continuada investigación en el estudio del trauma que ha demostrado cómo EMDR puede conseguir un cambio sustancial en el cerebro al permitir la desensibilización y el procesamiento de la información.

Su efectividad ha sido también demostrada en un amplio rango de patologías como ansiedad, depresión, dolor crónico, fobias. Y es que en definitiva estas patologías también son información procesada de forma disfuncional en el cerebro.

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